jueves, 30 de abril de 2015











Una historia que nos enseña a ser conscientes 

de la dulce protección de nuestro ángel guardián.



Había una vez una pequeña niña sentada en un 


parque. Todos pasaban por su lado y nunca nadie 


se detenía a preguntarle que le pasaba. Vestida 


con un traje descolorido, zapatos rotos y sucios, 


la niña se quedaba sentada mirando a todo el 


mundo pasar. Ella nunca trató de hablar, y jamás 


dijo una palabra. 








Al día siguiente decidí volver al parque a ver si la 

niña aún estaba ahí. Faltando pocos metros, la vi 


sentada en el mismo lugar en el que estaba ayer, 


con la misma mirada de tristeza en sus ojos. 



Me dirigí hacía ella; al acercarme note que en su 

espalda había una joroba. Ella me miró, y su 


mirada me rompió el alma. Me senté a su lado y 


sonriendo le dije "hola". 



La pequeña me miró sorprendida y con una voz 


muy baja respondió a mi saludo. Hablamos hasta 


que los últimos rayos de sol desaparecieron. 


Cuando nos quedamos sólo nosotros dos y 


teniendo a la luna como lumbrera le pregunté por 


qué estaba tan triste. 






Ella me miró y con lágrimas en los ojos me dijo: 


- Porque soy diferente. 

Yo respondí con una sonrisa: 


- Lo eres. 

Y ella dijo aún más triste: 


- Lo sé. 

Entonces yo le contesté: 


- Pequeña, ser diferente no es malo. Tú me 

recuerdas a un ángel, dulce e inocente. 

Ella me miró, sonrió y por primera vez sus ojos 


brillaron con la luz de la alegría.


Despacio ella se levantó y dijo: 


- ¿Es cierto lo que acabas de decir? 


- Sí -le respondí.. -Eres como un pequeño ángel 

guardián enviado para proteger a todos los que 


caminan por aquí. 







Ella movió su cabeza afirmativamente y sonrió. 

Ante mis ojos algo maravilloso ocurrió. Su joroba 

se abrió y dos hermosas alas salieron de ahí. Ella 


me miró sonriente y dijo: 

- Yo soy tu ángel guardián. 



No sabía que decir. Ella me dijo: 


- Por primera vez pensaste en alguien más. Mi 

misión está cumplida. 


Yo me levanté y pregunté por qué nadie la había 

ayudado. 

Ella me miró y sonriendo dijo: 


- Tú eres la única persona que podía verme.- Y 

ante mis ojos desapareció. 


Después de ese encuentro mi vida cambió 


drásticamente. Cuando pienses que solo te tienes 


a ti mismo, recuerda que tu ángel guardián está 


siempre pendiente de ti.













2 comentarios:

Santiago alberdi bedia dijo...

una vez mas bruji te has superado,una historia emocionante,tierna y maravillosa,eres unica,por eso cada poco somos muchos los que necesitamos tus escritos,yo creo que de verdad cada vez que escribes todo esto tienes a tu angel guardian que te lleva de la mano para que escribas estas maravillosas,de nuevo,FENOMENAL

Hilo y punto dijo...

Bonita historia bruji como todas las que cuentas,fijate yo creo que los angeles existen.

Un beso guapa y otro a tu nena

Para mi dulce hada Vanessa


Nocturna: Bruja de la Noche poseedora de curar con la luz de las estrellas

bruja de la noche

bruja de la noche
Miedo al miedo.